Liderazgo universitario y comunicación para una Mejor Universidad

Liderazgo universitario y comunicación para una Mejor Universidad

Una de las virtudes del buen liderazgo en toda organización se ancla en una correcta gestión e implantación de su planificación estratégica a medio y largo plazo. Entre otras, la clave reside en contar con grupos humanos que implementen esa planificación y la impulsen progresivamente a la excelencia y la calidad en el día a día. Los buenos líderes de todo proyecto universitario disponen de una visión y una misión claras y alineadas con las personas de su organización.

En las últimas décadas se han popularizado diversos enfoques para la mejora de la gestión de las organizaciones y de la universidad. En la actualidad, la prioridad formativa de los grupos universitarios punteros son los aspectos ligados a la cultura y el mejor liderazgo, vinculado este al desarrollo de personas, del mejor «Capital Humano» que haga suya la implantación de la misión y visión de la organización en la que viven, estudian y trabajan. La formación de líderes adecuados al contexto actual en los distintos equipos humanos en la universidad es fundamental, es vital, es clave, es estratégica. Por esta razón, es necesario saber qué es el liderazgo, el mejor liderazgo, para luego reflexionar sobre las razones de la preponderancia de éste en el área de la dirección de las universidades y las organizaciones punteras. También es obligatorio reflexionar sobre los diferentes tipos de liderazgo existentes en las mejores universidades mundiales y su posible aplicación a las universidades españolas y en particular a la Universidad de Salamanca.

Las habilidades de un líder y su equipo marcan la diferencia en la búsqueda del mejor posicionamiento y la mejor ubicación en el mundo de la Universidad de Salamanca. Distintos estudios han detectado que una de las claves importantes para determinar el éxito de una universidad se encuentra en la capacidad de colaboración de las personas que la forman. A medida que una organización tan compleja como una universidad evoluciona y se vuelve cada vez más global y transversal, los equipos que han sido dejados al laissez faire y a la falta de liderazgo real y a la falta de plan estratégico a medio-largo plazo se descomponen. Cuando la conectividad entre los equipos no se cuida, ni existe una correcta comunicación organizacional interna y externa y un adecuado liderazgo que se trasmita a la estructura organizacional, esta empieza a implosionar…

Un ejemplo de esta situación la hemos vivido estos últimos meses. Primero, nos hemos reunido equipos humanos en comisiones institucionales como las del Claustro de la Universidad con retraso y con informes incompletos y de último minuto, con documentos que no han sabido o saben explicar el alineamiento de lo que se hace con la misión y visión de la institución o de un plan estratégico. Segundo, nos hemos encontrado en aulas físicas con equipamiento informático heterogéneo dependiendo de la Facultad y el equipo decanal de turno, pues cada uno ha comprado e instalado lo que ha creído mejor y lo que ha podido. Con una presencialidad que ha obligado al alumnado y al profesorado a jugarse el tipo y a impartir clases «Frankenstein» enmascarillados, mirando en muchas ocasiones a cámara y a la clase a personas que se hallaban sentadas en las últimas filas y también enmascarilladas, desde donde no veían la pizarra correctamente o no podían oír o ver los labios de un profesor con mascarillas facilitadas por la propia Universidad que no cumplían los estándares de seguridad FFP2 antigotículas. Hemos vivido un liderazgo administrativo que ha sido principalmente buenista y que a priori ha agradado a muchos «lobbistas» de nuestro entorno socioeconómico, pero que no ha protegido la libertad de cátedra ni metodológica del profesorado. Eso sí, el alumnado se ha ausentado con un absentismo de récord de las clases físicas en el primer semestre, huyendo de los picos pandémicos de contagio… En fin, una tormenta perfecta flexionada en el sálvense.

Por otro lado, en los procesos electorales universitarios hemos visto en los últimos años programas electorales donde se han prometido y encajado propuestas con calzador a gusto de quien pida y prometa su voto afirmativo, con redacciones singulares. Hemos visto eslóganes al modo trumpista, «Lets make America/la Usal Great Again», de autobuses de conectividad perfecta ficcionada, programas escritos al corta y pega del todo cabe. El fin de vencer pero no convencer ha justificado el puedo prometer y prometo la luna, con tal de que me voten… Ese liderazgo del populismo trumpista de contentar y dejar hacer a todos los grupos lo que quieran. Un liderazgo torpe basado en el laissez faire y el descontrol en la gestión donde no se ha primado la competencia o la gestión de los equipos humanos alineada con una estrategia clara y definida. Estos últimos años hemos visto un liderazgo basado en tapar grietas y gestionar lo inmediato, sin plan estratégico definido, que se caracteriza por no tener rumbo, carecer de brújula correctamente magnetizada y sextante, y tratando de implementar un programa con incoherencias y lleno de algunas ficciones interesadas. Lamentablemente nuestra Universidad de Salamanca no ha sabido navegar óptimamente las últimas olas del VIII Centenario y la Pandemia del Covid-19 en estos tres últimos años. El liderazgo ha podido ser ciertamente mejorable. Y aunque la comunicación interna y externa ha seguido funcionando y dando aire en y a la institución con innumerables memorandos, normativas, videos y reuniones virtuales… y nos han contado cómo ventilar las aulas regularmente, mi diagnóstico como profesor de Liderazgo desde hace ya años, de Comunicación Organizacional e Investigación de Audiencias, es tristemente de suspenso. Consecuentemente, queda pendiente para septiembre, o más bien noviembre, donde por una «MejorUSAL» deseo que las personas de distinto perfil y origen, de todos los grupos humanos, acierten para que tengamos el mejor liderazgo que nuestra Universidad merece.

Recuerden, mascarilla, ventilación continuada y distancia física, si es que les obligan a asistir o dar clase en la seguridad de la presencialidad física, perdón por la ironía. Si alguien se ha ofendido, aquí tiene mis disculpas por adelantado. Me remito a las evidencias de toda buena rúbrica de evaluación y a la experiencia vivida estos años. No han sido años fáciles estos últimos para liderar una universidad tan relevante y especial como nuestra querida Universidad de Salamanca. Deseo que sepamos construir y elegir el Mejor Liderazgo y grupo humano para navegar las aguas bravas que se adivinan en un horizonte post-Covid que necesitará de las mejores personas para seguir construyendo una «MejorUSAL».

Félix Ortega Mohedano

Director del Máster en Comunicación: Investigación e Innovación.

Facultad de Ciencias Sociales


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