Editorial

La Universidad es, para quienes desarrollamos en ella nuestro trabajo, algo más, mucho más, que un ámbito laboral. Y formar parte de una comunidad universitaria como la salmantina supone también más, muchísimo más, que una mera referencia geográfica. Todas las personas somos un agregado de identidades y sentimientos, pero pocas afinidades resultan para muchos de nosotros tan intensas y tan transversales como las que genera la pertenencia a esta gran república de profesionales y estudiantes, heredera de una trayectoria iniciada hace nada menos que ochocientos años.

El compromiso con la universidad, con la universidad pública y los valores asociados a ella, y el compromiso particular con la de Salamanca, debemos mostrarlo los universitarios cada día, en el ejercicio de nuestra actividad. Pero precisamente por ser universitarios, y más aún universitarios salmantinos, con una tradición intelectual de la que nos sentimos particularmente orgullosos, tenemos la obligación de llevarlo también al terreno de la reflexión y el análisis, a la expresión pública de lo que queremos y de lo que no queremos, al debate orientado a la búsqueda de una universidad mejor.

Quienes promovemos la publicación de este blog compartimos una visión crítica sobre el presente de nuestra Universidad, a la que observamos instalada en la autocomplacencia y limitada a la gestión de los asuntos ordinarios, sin objetivos claros y evaluables, ni proyectos a largo plazo, salvo la prolongación de lo que ya existe. Nuestra naturaleza de universidad presencial está quedando salvaguardada en esta terrible situación de pandemia, pero mucho más a golpe de impulsos e improvisaciones que de planes, y gracias sobre todo a un esfuerzo de la comunidad universitaria para el que la institución ha sido incapaz de recabar el debido reconocimiento público. Es preciso ir mucho más allá en nuestros programas de investigación para todas las ramas de conocimiento, fosilizados en los últimos años, y restablecer y multiplicar la transferencia y la colaboración con las empresas, porque el Estudio Salmantino tiene que ser un elemento clave en la recuperación económica que constituirá la gran tarea colectiva en el futuro inmediato. Estamos renovando nuestras plantillas, por supuesto, como todas las universidades españolas que disponen de recursos para esa tarea inaplazable, pero lo hemos hecho hasta ahora a menor ritmo que otras y siguiendo en ocasiones criterios y prioridades desconcertantes. La internacionalización de toda nuestra actividad, sin renunciar a nada, pero con tres ejes muy definidos (América Latina, como la universidad panhispánica que somos, Europa y algunos países de Asia Oriental en los que hemos logrado una posición privilegiada) tendría que constituir una de nuestras principales señas de identidad institucional. Más allá de los gestos, la Universidad debería mostrar también su compromiso profundo con las ciencias de la salud, una de nuestras grandes fortalezas, aunque hoy necesitadas de una atención particular, con un plan ambicioso de reforzamiento de sus estructuras docentes e investigadoras que garantice, entre otras necesidades perentorias, la formación adecuada de los nuevos profesionales sanitarios. Tampoco nuestra condición de “universidad del español”, ni nuestro singular patrimonio material e inmaterial, ni nuestro extraordinario potencial para la irradiación cultural están siendo debidamente aprovechados. Los ejemplos podrían multiplicarse en cada una de nuestras áreas.

Estamos seguros de que en la Universidad de Salamanca hay muchas cosas que deberían cambiar y que pueden mejorar. Queremos hablar de todo eso en este blog. Y estamos decididos a aportar nuestro esfuerzo para alcanzar el objetivo de ser mejores.

Mariano Esteban de Vega

Catedrático de Historia Contemporánea