Sobre la relación del PAS y el personal docente

SOBRE LA RELACIÓN DEL PAS Y EL PERSONAL DOCENTE

Llevo trabajando en la universidad de Salamanca desde el año 2007 y, desde entonces, no he conocido ningún gobierno rectoral que ponga sobre la mesa, ni desde el punto de vista del debate ni tampoco como política universitaria, la relación existente entre el PAS (Personal de Administración y Servicios) y el personal docente.

Dicha relación que, en términos generales, es buena, se ve lastrada por conflictos latentes, no resueltos y que dañan y limitan, en muchos casos, la buena resolución de procesos y de resultados eficaces. Es mi propósito en estas líneas reflexionar sobre dicha relación y tratar de aportar soluciones.

Como todos sabemos, la universidad ha cambiado en los últimos veinte años, en términos generales, y se requieren recursos humanos y procedimientos a la altura de este cambio. Podemos hablar, sin entrar en mucho detalle, de cuatro grandes transformaciones: 1) investigación global y sometida a procesos de evaluación externos (en forma de revisores ciegos); 2) docencia interactiva, que se plasma en el plan Bolonia, y que conlleva un esfuerzo del docente y del alumno a través de la evaluación continua y la participación regular del alumno en el aula y fuera de ella; 3) necesidad de la transferencia del conocimiento generado en la universidad a la sociedad, en concreto, y especialmente, al ámbito empresarial y al mercado de trabajo; 4) como producto de estos cambios, se requieren unos procesos administrativos que ayuden, agilicen y consoliden estas tres grandes tendencias.

La “nueva” universidad exige un equipo de trabajo que haga frente a estas exigencias y retos, y cuando hablo de equipo, no hablo solo de docentes, me estoy refiriendo también al PAS, y podría incluir a todo el personal que trabaja en la universidad (aunque en esta ocasión solo me referiré al PAS y al personal docente).

Los conflictos latentes (y que de vez en cuando se hacen visibles) entre el PAS y el personal docente vienen condicionados por actitudes y comportamientos, más propios del pasado que de la realidad actual, aunque sin embargo en el imaginario de ambos colectivos aun siguen siendo importantes. Desde el punto de vista del PAS, todavía observamos en el trabajo cotidiano en la universidad, cierto “recelo” y “desconfianza” hacía el personal docente que se plasma en quejas por la ineptitud del personal docente en resolver trámites administrativos, la poca dedicación al trabajo (es frecuente en conversaciones informales aludir a que los profesores no “fichan” ni para entrar ni para salir de los edificios dónde se encuentran sus despachos). Por parte del personal docente, encontramos actitudes desdeñosas hacía el trabajo de los PAS (basados en jerarquías, mucho más simbólicas que operativas), un trato jerárquico a dicho colectivo (influidos por la simbología aludida y su relación con el estatus) y, como consecuencia, una escasa valoración del trabajo desarrollado por estos.

Creo que ha llegado la hora de resolver de una forma valiente este conflicto larvado y la mejor manera es hablarlo, afrontarlo sin eufemismos y de una manera respetuosa y educada. Es el momento de pensar en la universidad como una suma de equipos, no solo multidisciplinares, sino diversos en sus categorías profesionales, ser conscientes de que sin la colaboración de las dos partes, no podremos llevar a buen puerto nuestros proyectos de investigación y docentes, que es necesario reforzarnos mutuamente y pensar en una retroalimentación recíproca. Si en los próximos años, los gobiernos rectorales que gobiernen la universidad no logran solucionar este “problema”, estaremos caminando a la pata coja y limitaremos gran parte de nuestros esfuerzos.

Jesús Rivera Navarro

Departamento de Sociología y Comunicación

Agradecemos que difundas