Los jóvenes universitarios y el mercado de trabajo

Los jóvenes universitarios y el mercado de trabajo

Una de las misiones de la universidad consiste en que los jóvenes egresados se incorporen al mercado de trabajo. No es la única, pero sí que es una de las que más importan en general a la sociedad y en particular a quienes cursan grados y posgrados universitarios. A nadie se le oculta que la transición del sistema educativo al mercado de trabajo está aquejada de graves problemas desde hace mucho en España. Por desgracia, hasta parecemos acostumbrados a la descomunal tasa de paro juvenil española en comparación con la ya alta tasa de paro en promedio de España y también en comparación con las tasas de paro de los jóvenes en otros países europeos.

Los problemas laborales de los jóvenes (incluidos los egresados universitarios) no se agotan saliendo del desempleo y encontrando un trabajo. De hecho, los jóvenes en el mercado de trabajo español se enfrentan a la escasa intensidad del empleo: cuando acceden a un empleo suele ser de corta duración (con contratos temporales) y muchas veces a tiempo parcial. Tienen muchas entradas y salidas del empleo y del desempleo. Esta elevada movilidad entre empleos muy distintos crea grandes dificultades para desarrollar una especialización, acumular capital humano, etc. Es cierto que los universitarios acaban alcanzando la estabilidad en el mercado de trabajo, pero, en promedio, lo hacen pasados los treinta años. A esto se añade que, durante una parte relevante de esa fase previa a la estabilización, los universitarios españoles sufren desajuste educativo en forma de sobreeducación. Ocupan puestos de trabajo para los que no se requieren los estudios que cursaron. Es cierto que la sobreeducación puede ser una estrategia para poder entrar en un mercado de trabajo tan hostil para los jóvenes como el español, pero esto es mucho menos común en el sur de Europa (incluida España), donde la sobreeducación tiende a cronificarse. El desajuste educativo también se relaciona con un sentimiento de frustración respecto de los estudios cursados.

Mientras que, en el siglo XX, los titulados universitarios esperaban que lo aprendido en la universidad les pudiera servir para toda su carrera laboral sin más que ir ganando experiencia en ámbitos concretos de su profesión, eso no es lo que se encuentran los egresados desde hace unos cuantos. La globalización y la digitalización están transformando los empleos, cambiando el contenido de las tareas que se desempeñan en prácticamente todas las ocupaciones. Los universitarios suelen verse a sí mismos a salvo de los efectos del cambio técnico, porque piensan que solo afecta a empleos poco cualificados y basados en tareas rutinarias, pero esto no es cierto. La transformación de los empleos que requieren estudios universitarios se ven afectados de manera desigual: los compuestos por tareas cognitivas basadas en reglas pueden ser desplazados o transformados profundamente por el cambio técnico, mientras que los compuestos sobre todo por tareas cognitivas basadas en reconocimiento de patrones y comprensión de la información pueden ver incrementada fuertemente su productividad. Quienes terminan hoy en día sus estudios universitarios de grado o posgrado tendrán que actualizarse y adaptarse en profundidad en más de un momento de su vida laboral futura para poder ser complementarios del cambio técnico y aprovechar las nuevas formas de organización del trabajo. En otro caso, verán cómo sus conocimientos y sus formas de trabajar se van volviendo obsoletas y sus posibilidades de desarrollar una buena carrera laboral irán disminuyendo de manera progresiva.

En definitiva, la universidad debería proporcionar a sus estudiantes de grado y posgrado cualificaciones para un mercado de trabajo forzosamente amplio (en términos geográficos y profesionales) para poder encontrar un trabajo adecuado y posibilidades de desarrollar su carrera laboral. Además, esa formación tendrá que ser lo bastante sólida como para permitir la actualización cuando los antiguos estudiantes la necesiten y ahí tendrá que estar la universidad para acompañar en ese proceso de formación a lo largo de la vida.

Miguel Ángel Malo

Departamento de Economía e Historia Económica

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