Las publicaciones científicas en la Universidad de Salamanca

Las publicaciones científicas en la Universidad de Salamanca

Las Universidades de mayor prestigio existentes en el mundo tienen un Servicio de Publicaciones fuerte, de forma que consigan subir sus índices de impacto en los rankings mundiales. La Universidad de Salamanca efectivamente tiene este servicio muy bien situado en la sección de libros, pero dados los requerimientos actuales de la ANECA y el Ministerio los impactos mayores vienen de la mano de las Revistas Científicas, cada vez más en abierto (Open Access) en prácticamente todas las disciplinas ¡Y por ahí viene el déficit!

Si observamos los criterios de la ANECA en busca de acreditaciones, la mayor importancia para ellos la tienen las revistas de alto impacto, es decir, aquellas que se encuentren en las bases de datos más fuertes, tales como JCR, SJR/Scopus, ESCI, FECYT y de ahí en escala descendente Latindex y demás. La Universidad de Salamanca tiene 37 revistas adscritas al Servicio de Publicaciones, de las cuales 12 están situadas en las bases de datos requeridas por los índices de impacto para ser consideradas como relevantes y subir sus índices en los ránquines más importantes de medición de las Universidades, como por ejemplo el de Shanghái. Y hablamos de revistas, insisto, porque son las maneras de medición principal -cuestión que está sujeta a debate, dado que está a punto de bloquearse el sistema por la escasez de revistas por un lado, sobre todo en las Ciencias Sociales, Humanidades… y por no valorar la calidad de la publicación más que el lugar donde se publica, por otro-, adoptadas por el Ministerio, para calcular la calidad de la investigación actualmente. Bien es cierto que, tras muchas reivindicaciones y peticiones, los libros empiezan a ser, de nuevo, importantes en estos listados de medición.

La idea de la profesionalización de la edición científica de las revistas; la internacionalización a través del esfuerzo por publicar no sólo en español sino también en inglés; la dimensionalización y la visibilización en redes sociales, como implemento de la incentivación en los índices de impacto; y en último lugar y no por ello menos importante, la publicación en abierto, son requerimientos generales que plantean varias directrices capitales.

El Servicio de Publicaciones de la USAL está gestionado por un director, varios administrativos y seis personas en el equipo de edición, tres de ellas, en principio, dedicadas a la edición técnica de las 37 revistas científicas. Parece ser que la maquetación se contrata externamente. A todas luces estamos hablando de un servicio infradotado para llevar a cabo una labor tan importante en la trasferencia del conocimiento y de la investigación. La realidad es que toda la labor de edición académica científica corre a cargo del equipo editorial de cada revista, afanados en el esfuerzo, altruista, de la gestión que conlleva la recepción de artículos, evaluación de los mismos, envío a evaluadores ciegos expertos internacionales, conversaciones con la autoría, aceptación o rechazo de los mismos (pensando que un índice positivo de las grandes bases de datos, JCR ó SJR es tener un 45% de rechazos), revisión de cambios, maquetación de los artículos en las plantillas estipuladas, revisiones finales antes de enviarlo al Servicio de Publicaciones, que lleva a cabo el maquetado final en los formatos requeridos (pdf, epub, html, xml…), adjudicación del DOI (las señas de identidad para que no se pierda el artículo aunque la revista se venga abajo) y situación de cada número en los repositorios institucionales, en este caso en Gredos, entre otros. De forma que los receptores tengan la visibilización pertinente de cada número en tiempo y forma para no perder, por ejemplo, la regularidad en la publicación (otro requisito fundamental en las citadas bases de datos).

La falta de personal del servicio de publicaciones (tres, repito) hace que las tareas a desarrollar de la parte técnica las pasen a la académica y las confusiones permanentes entre editorial académica y técnica están llevando a una evidente confusión de tareas y funciones. Y a un desánimo por parte de los profesores que llevan la gestión académica con tantas dificultades, falta de medios y servicios a su disposición para realizar todas estas tareas que estamos enumerando.

Los equipos editoriales también llevan a cabo otra labor, de nuevo continuamos con el altruismo, con una importante carga de trabajo de la difusión en las redes sociales; Facebook, Twitter, Academia.edu, y todas las que puedan parecer pertinentes en cada momento y caso, de forma que los artículos puedan ser leídos por un número importante de investigadores, que les sirvan para sus investigaciones y en consecuencia sean citados.

Estos problemas nos llevan a cuestionar el sistema que se está llevando a cabo de apoyo por parte de la Universidad de Salamanca, como algo completamente, decíamos al inicio, anecdótico. Y retomamos las directrices anteriormente planteadas: la profesionalización, la internacionalización, la dimensionalización y la publicación en abierto. Vamos con ellas.

Los bibliotecarios de las agencias de investigación y de las bases de datos competitivas reclaman la profesionalización de las ediciones, como una tarea inmanente a su desarrollo profesional. Si las revistas están gestionadas en su mayor parte por profesores que, efectivamente, se forman en este campo lo mejor que pueden y por sus propios medios para sacar adelante sus revistas, la existencia de desfases es evidente. Pensemos en un hecho reciente; dados los problemas que planteaba la plataforma OJS2, se ha cambiado por parte de la editorial de la Universidad de Salamanca al sistema OJS3, que parecía más fiable. Pero el problema viene de que o bien debido a la pandemia y la cerrazón en los lugares protegidos o no se sabe muy bien por qué, a los editores académicos se les requiere “ciencia infusa” para conocer su manejo. No se han llevado a cabo cursos de formación sino los tutoriales que puedan encontrar en la red los editores académicos para gestionarlas. Esto no es una manera de profesionalizar la edición. ¿El producto terminado para su maquetación es el apartado profesional que cubre el servicio de publicaciones?

Vamos con la internacionalización, otro requisito fundamental para ser competitivos en el ámbito internacional. Es cierto que la lengua más hablada es el español, pero los grandes trust de la edición (véase Wos o Scopus) piden el inglés como lengua motora de las publicaciones científicas. El inglés debe ser correcto, no el utilizado por los traductores de la red. Esto supone un coste y en ocasiones, si los artículos son resultados de investigaciones financiadas, está presupuestado. Pero en el caso de doctorandos, de jóvenes profesores que están haciendo su carrera académica…, el coste de la traducción en ocasiones supera su propio sueldo mensual. Esto no es de recibo. Si queremos una Universidad competitiva estas cuestiones deberían ser asumidas por las propias Universidades. Y sé que esto que planteo es una cuestión sujeta a muchas discrepancias, pero a mí me parece una prioridad dado que va a repercutir en la propia Universidad, en su prestigio y sus índices. No podemos decir que un profesor gana 750 euros al mes si tiene que pagar 400 de una traducción, porque la idea esencial es que sí o sí tiene que publicar, si quiere hacer carrera académica. Por eso se están marchando los jóvenes valores fuera de España y vaciando las Universidades de estos talentos, porque no se sienten ni apoyados ni acogidos. Porque los costes de su investigación parecen estar promovidos por ellos mismos y en exclusiva de sus intereses. No nos damos cuenta de que todo repercute en los índices de impacto de las Universidades. Esto también.

Y finalmente la dimensionalización y publicación en abierto. Publicar en revistas cerradas, que sólo pueden ser leídas si se paga por ellas, de nuevo dificulta la dimensionalización y proyección científica. El beneficio es para las editoriales, exclusivamente. O sea, estamos hablando de negocios, de revistas que viven de mercantilizar la ciencia. También sé que esto es un concepto muy arraigado entre los profesores e investigadores clásicos. Pero el mundo en permanente avance tiene que abrir sus puertas a los investigadores y al público para que puedan conocerse los avances y resultados de las investigaciones científicas. Cerrarlas ¿por qué? ¿Para beneficiar a algunas ambiciones económicas?

Begoña Gutiérrez San Miguel

Comunicación y Creación Audiovisual

Facultad de Ciencias Sociales

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