La USAL un año después

La USAL un año después

Hace un año que el COVID llegó a nuestras vidas, como un tsunami, cambiando de un día para otro el modo de vida de todas las personas. Ha causado la pérdida de un número enorme de vidas y todos sabemos que aún queda tiempo para superar esta terrible pandemia. No es mi intención repetir aquí lo que todos sabemos: el enorme dolor que ha causado y está causando a tantas familias, y la penuria económica que también conlleva, pero no podría hablar sobre cómo ha afectado a la comunidad universitaria sin tener un recuerdo para todos aquellos que han sufrido, y están sufriendo, mucho más que cambios en sus rutinas.

Un año después, intento recordar la vertiginosa sucesión de acontecimientos de los primeros días de suspensión de la actividad académica y laboral en la universidad, el fin de semana del 14 y 15 de marzo en el que estuvimos pendientes del correo electrónico porque no sabíamos muy bien qué iba a pasar con las clases, y la estupefacción generalizada con la que los trabajadores recibimos la noticia de que la actividad de la universidad continuaba, pero mediante teletrabajo. A partir de ese momento el conjunto de la comunidad universitaria hizo un esfuerzo ingente para adaptarse a esa nueva realidad e intentar, en la medida de lo posible, que la USAL siguiera adelante. Como institución de enseñanza, el primer objetivo, no podía ser de otra manera, fue que los estudiantes no perdieran el curso. A pesar de las inmensas limitaciones existentes en cuanto a conocimientos y experiencia previa, disponibilidad de ordenadores o de conexión a internet, en un momento en el que a nivel anímico todos estábamos impactados por el violento choque con la realidad de la pandemia, el curso consiguió salvarse y la mayor parte de la actividad universitaria siguió adelante. Eso no habría podido suceder sin la colaboración de todos y todas los que formamos la USAL.

Sin embargo, no todo son parabienes. Frente al esfuerzo y la generosidad de los estudiantes, el personal de administración y servicios y el profesorado, el equipo de gobierno de la USAL no estuvo a la altura. Durante las primeras semanas sufrimos “la falta de mando único al estar prácticamente desaparecidos tanto el Sr. Rector como los Vicerrectorados”, utilizando las palabras de una representante de estudiantes en el Consejo de Gobierno. Sin dejar de considerar lo excepcional de la situación y la dificultad de la toma de decisiones en un entorno difícil y cambiante, no podemos dejar de lamentarnos ante la autocomplacencia del Sr. Rector, repetida hasta la saciedad en todas y cada una de sus intervenciones en estos meses. Esta autocomplacencia choca no sólo con la petición de los representantes del profesorado doctor con vinculación permanente en el Consejo de Gobierno que solicitamos reiteradamente un plan de acción durante aquellos primeros meses. También choca con las quejas de numerosos decanos y directores de centro, que sufrieron la toma decisiones contrapuestas e incluso la dejadez de funciones del equipo de gobierno ya que, amparándose en la diversidad de nuestra universidad, inicialmente se dejó en manos de las juntas de facultades o centros cuestiones tan relevantes como el método de evaluación o de docencia. No olvidemos que cuando finalmente se produjo el debate y toma de acuerdos sobre la evaluación on-line, los exámenes ya habían comenzado. La falta de medidas claras en los primeros meses del estado de alarma dio lugar a una importante crisis reputacional de la institución de la que aún nos estamos recuperando.

Ahora, un año después, la vida universitaria ha recuperado su rutina, adaptada a la mascarilla y a la llamada presencialidad segura. Hemos tenido tiempo para acostumbrarnos a esta realidad y para recuperar, casi con normalidad toda la actividad universitaria. Sin embargo, se echa de menos la autocrítica y el análisis que llevan al aprendizaje. ¿Sabemos cuál ha sido la influencia de la docencia y la evaluación on-line en el currículo de los estudiantes? ¿Acaso conocemos cuál ha sido la influencia del trabajo telemático del personal de administración y servicios?, en su caso, como en el profesorado, es especialmente destacable la generosidad y el compromiso con la institución, el uso de sus recursos particulares y su apoyo constante, incluso fuera de horario laboral, ha permitido un funcionamiento casi normal de la universidad aún en estas circunstancias, pero de alguna manera ha debido influir en el cumplimiento de sus funciones.  A fecha de hoy no hay un estudio económico sobre el coste de la pandemia en la USAL, falta información sobre el programa de apoyo económico a los estudiantes que fue objetivo único del Consejo de Gobierno extraordinario celebrado en el mes de mayo en el que el Rector se comprometió a complementar la cantidad inicial de 100.000 € y del que poco o nada se ha vuelto a saber ¿se amplió esa dotación? ¿en qué cantidad y de qué partidas presupuestarias?…

En definitiva, es hora de conocer cuáles han sido las debilidades y fortalezas de la USAL ante esta situación para poder orientar nuestro futuro hacia una universidad más fuerte, con mayor capacidad de respuesta, hacia una mejorUSAL.

Mercedes Suárez Barrios

Catedrática de Cristalografía y Mineralogía

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