La Universidad del futuro

La Universidad del futuro

Empezaba a trabajar en mi tesis doctoral cuando leí un artículo que contenía reflexiones que influyeron en mi carrera científica: “el hecho de que haya fracasado una respuesta no significa que haya que desistir en la lucha contra las preguntas”, con el fantástico colofón de “la crisis de los modelos nos va a obligar a revisar nuestros propios conceptos”. Curiosamente, mi tesis era sobre Física Nuclear y de Partículas y, sin embargo, esas frases pertenecen a un discurso de Felipe González. Quizás, adoptando terminología tan de moda en nuestro mundo universitario, podríamos decir que se trata de conocimiento transversal. Ha pasado tiempo desde entonces, pero la vigencia de esas reflexiones conduce al epílogo de la obra maestra de Adolfo Aristarain, cuando nos decía: “Hay cosas de las que uno no puede olvidarse, no tiene que olvidarse. Aunque duelan”.

Como le diría a mis alumnos, a ver si es capaz de centrarse en aquello que nos quiere explicar. Y lo que quiero no es más que abrir una ventana a la reflexión pública sobre el futuro que queremos para la institución en la que trabajo, la Universidad. No es mi objetivo hacer balance del pasado, sino mirar hacia el futuro. Después de años de normalidad institucional en la que el sistema universitario se ha visto afectado por numerosos cambios, y aún amenazado por una reforma global, el panorama es lo suficientemente complejo como para requerir una reflexión global y profunda, que vaya más allá de la simple inercia. Y todos deberíamos tomar parte en ella, porque hay preguntas cuya respuesta se debe seguir buscando y conceptos que claramente debemos revisar, aunque duela.

Déjenme primero luchar contra una pregunta, ¿qué es la Universidad?, concepto que debería ser la base del debate. Sin caer en el error de una discusión etimológica, se puede estar de acuerdo en que las universidades más importantes del mundo siguen el modelo alemán diseñado por von Humboldt a principios del siglo pasado, cuya característica fundamental se podría resumir en nunca considerar a la ciencia como un problema totalmente resuelto y permanecer, por lo tanto, constantemente investigando. Otro de los pilares básicos en el concepto de Universidad es el conocimiento como un fin en sí mismo, ya sea su avance o bien su difusión. El fundamento de este concepto es que el conocimiento puede tener una aplicación trascendental a largo plazo. Si la Universidad se restringiese a la búsqueda de conocimientos utilizables en el corto plazo, muchos de los grandes avances científicos no hubiesen ocurrido. Pero también hay que notar que si la Universidad quiere contribuir al desarrollo de la sociedad, deberá buscar, quizás en forma prioritaria aunque no exclusiva, conocimientos útiles que preparen para el mundo real.

Los conocimientos que surgen de la investigación son la base de los futuros planes de estudios. Aunque el conocimiento en los contextos del descubrimiento y de la transmisión sean tareas diferentes, es un hecho que en la actualidad la calidad de una universidad está determinada en gran medida por la calidad de la investigación que en ella se lleva a cabo. Es un principio que se retroalimenta, el prestigio de una universidad está determinado por el de sus profesores, y los profesores de prestigio, así como los alumnos, prefieren trabajar y formarse en universidades que les brinden facilidades para realizar su trabajo. Una cuestión nunca bien resuelta en la universidad española es la de sostener que todos los profesores realicen docencia e investigación. Si bien institucionalmente deben hacerse ambas, quizás a día de hoy no es posible que también se hagan personalmente.

Por último y aunque parezca obvio, también debe destacarse que la educación de las universidades debe ser superior. Este término se refiere a un estado del conocimiento por encima del mero aprendizaje de recetas o hechos. Lo que es importante es que el alumno comprenda lo que está aprendiendo o lo que está haciendo, que lo conceptualice, que pueda dominarlo bajo distintos ángulos, que pueda evaluarlo y que tome una posición crítica en relación a lo que aprende.

Si estamos de acuerdo en los mínimos del concepto, podemos abrir el debate de cómo ha de ser la Universidad del futuro. Mi objetivo es plasmar algunas ideas sobre las que discutir:

.- Como ha ocurrido en el sector público, la crisis ha dado lugar a una pérdida importante de recursos humanos que se deben tratar de recuperar, pero lo más importante no es el cuánto, sino el cómo. La estructura de la Universidad está obsoleta y se debe rediseñar el sistema para garantizar que todas las etapas del proceso de generación y transmisión del conocimiento estén cubiertas. Diseñar este proceso es el gran reto de una Universidad moderna.

.- Se debe recuperar una educación superior, frente al sistema actual en el que importa más el número de graduados que su preparación. La competencia en el sistema universitario cada día es mayor, y se puede luchar por cantidad o por calidad. Se debe atraer a los estudiantes próximos y a los buenos estudiantes. Esto requiere una revisión crítica de la oferta educativa, tanto del qué como del cómo, basada en las fortalezas y sin perder el contacto con la realidad, de manera especial en los estudios de postgrado. Esta oferta debe contemplar de forma prioritaria, aunque no exclusiva, las necesidades sociales, estando a veces lejos de los intereses personales.

.- Lo anterior conduce a recuperar una Universidad plural en su forma de pensar. Debe volver el debate y el intercambio de ideas. Debe retornar la capacidad de iniciativa, las ideas surgidas del debate crítico y no la inercia surgida del discurso único. El debate no es enfrentamiento y discrepar es lo más saludable del consenso.

.- La gestión de los recursos ha de sufrir una modificación drástica. Una Universidad ha de comprometerse con las enseñanzas que ofrece y con las necesidades de aquellos que generan los recursos: alumnos y profesores. La gestión empresarial sólo conduce a la pérdida de oportunidades y el mal uso de los escasos recursos. El potencial humano, conocedor de las necesidades reales, ha de estar por encima del gestor.

.- Se debe luchar contra la improvisación, un proyecto de futuro necesita un horizonte nítido que se construya a base de aproximaciones sucesivas y no de procesos estocásticos. El tejido investigador no se genera de la noche a la mañana. En este punto se debe involucrar a nuestras autoridades autonómicas para que se comprometan de manera firme y constante en el apoyo al desarrollo de nuestro sistema universitario.

La problemática universitaria es mucho más amplia que lo esbozado en estas líneas, pero estas ideas creo que pueden ser un punto de inicio para buscar el mejor futuro de una institución clave para nuestra sociedad y nuestro sistema educativo. Quizás trabajamos mucho porque no queremos tener tiempo para pensar, pero también creo que el futuro necesita del esfuerzo y las ideas de todos. Las reflexiones que mencioné al principio formaban parte de un artículo cuyo título espero seamos capaces de evitar, “También se puede morir de éxito”.

Alfredo Valcarce Mejía

Catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear

Dpto. de Física Fundamental


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