El Español

EL ESPAÑOL
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Seguramente pocas personas discreparían hoy de la afirmación de que el español es una “lengua importante”, pero habría bastante menos acuerdo a la hora de determinar por qué. Son muchos los que han apelado a su perfección, a su calidad, a su hermosura, pero este es el grupo de argumentos más endeble. Son de la misma estirpe que este tópico atribuido a Carlos V (un extranjero, no se olvide), según el cual el inglés era lengua para hablar con los pájaros, el alemán con los caballos, el francés con los hombres, el italiano con las damas y el español para hablar con Dios. Pueden parecer juegos imaginativos para diletantes, pero lo cierto es que han defendido algo parecido, aunque no expresado con tanta crudeza, sesudos filólogos actuales, para quienes, por ejemplo, la amplia difusión del español se debería en buena parte a la claridad de sus vocales. Y la propia Academia decía esto en los “Preliminares” de su Diccionario de Autoridades [actualizo la ortografía, aunque mantengo las mayúsculas]:

«El principal fin que tuvo la Real Academia Española para su formación, fue hacer un Diccionario copioso y exacto, en que se viese la grandeza y poder de la Lengua, la hermosura y fecundidad de sus voces, y que ninguna otra la excede en elegancia, frases, y pureza: siendo capaz de expresarse en ella con la mayor energía todo lo que se pudiere hacer con las Lenguas más principales, en que han florecido las Ciencias y Artes: pues entre las Lenguas vivas es la Española, sin la menor duda, una de las más compendiosas y expresivas, como se reconocen en los Poetas Cómicos y Líricos, a cuya viveza no ha podido llegar Nación alguna».

Frente a este tipo de afirmaciones, la opinión extendida entre los lingüistas solventes es que ninguna lengua es más perfecta que otra, en el sentido de que todas atienden cumplidamente a las necesidades de sus hablantes y si estas crecen, cuentan con mecanismos eficaces para satisfacerlas. En cuanto a lo de más hermosa o más sugerente o más fácil, todos estos adjetivos dependen de la subjetividad y también de la lengua que habla el que las emplea y del concepto que tenga de los hablantes (sí, de los hablantes) que emplean otras.

Un segundo argumento basa la importancia del español en el número de usuarios que tiene y de países en que se habla. No cabe duda de que este argumento es bastante más sólido, puesto que el que te entienda mucha gente no deja de ser una razón de peso para patrocinar una lengua. Siempre, claro está, que no caigamos en el peligro fácil de convertir la cantidad en ideología y de jugar, por tanto, con lo que Gregorio Salvador llamó “los alegres guarismos de la demolingüística”. Y, aunque él los ponía en la boca y en la pluma de los defensores de las “lenguas periféricas de España”, no se han escapado de ellos otras lenguas ni, por supuesto, el español. A mí siempre me sorprende la facilidad con que se acumulan millones sobre los hispanohablantes. Me recuerda al llorado profesor Moreno de Alba, cuando defendía la legitimidad de los fenómenos lingüísticos mexicanos con la frase “¡Pongo sobre la mesa 125 millones de hablantes!” Y cuando un colega le recordaba: “Hombre, Pepe, en la anterior reunión eran 110”, alegaba: “Es que las mexicanas son muy prolíficas”.

Sí, es verdad. El español tiene muchos hablantes, se habla en más de una veintena de países, cuenta con una literatura mundialmente reconocida, está a la cabeza de las lenguas que se usan en Internet…, pero no hace mucho se celebró en España un congreso sobre ser y estar (¿puede haber un tema más españolísimo?) y la lengua oficial fue ¡el inglés! Y hace un par de años informé un proyecto que comparaba el uso de los pronombres personales en catalán y en español y no había en la bibliografía ni una sola obra escrita en ninguna de las dos lenguas. ¿Es que en todos estos siglos de gramática no ha habido una mente doméstica capaz de decir algo sensato sobre los pronombres?

Aquí tenemos el talón de Aquiles del español, y lo peor es que sus hablantes, lejos de contribuir a fortalecerlo, le hacemos cortecitos a ver si se rompe de una vez. El inglés se ha convertido en la lingua franca de la ciencia. Como el latín en otros tiempos, dicen algunos. Sí, pero con la diferencia de que el latín no era la lengua nativa de nadie, y, en consecuencia, todos estaban en igualdad de condiciones. La lucha es desigual, pero algo se puede hacer. Por ejemplo, no olvidar estos tres principios: 1. Las mejores cosas sobre el español están escritas en español; 2. Un artículo malo no mejora porque esté escrito en inglés (ni una canción tampoco: el año en que nuestra representante para Eurovisión cantó en inglés, quedó la penúltima, si no recuerdo mal); 3. Es mejor invertir en mejorar nuestra producción científica que en dar clases en otra lengua. Si los contenidos son interesantes, la gente procurará entenderlos.

No dejemos que Salamanca, diz que la “Capital del Español”, inspire sonetos como este del ilustre poeta de Vermont Jules Lamb, muy sorprendido de encontrar en nuestra Universidad una Faculty of Law:

A LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Tiene Faculty of Law que está full

de alumnos de Bolivia o Leganés;

y da clases muy fashion en inglés

para que aprendan Física en Kabul;

Tiene un MOOC de estadística muy cool

y un buen campo de rugby p’al estrés;

modelos medicales del Mid West

y una línea del cielo wonderful.

Campus abierto al running y al spinning,

un Center of Spanish en streaming,

ocho siglos cumpliendo con su rol…

Es la Universidad de Salamanca,

la partner favorita de la banca,

la capital mundial del español.

Agradecemos que difundas