La salud de la comunidad universitaria ante la crisis COVID

La salud de la comunidad universitaria ante la crisis COVID

La crisis provocada por la pandemia del COVID-19 ha puesto en evidencia la salud del sistema de bienestar que disfrutábamos. El sistema sanitario fue el primero en sufrir las consecuencias al verse desbordado para responder a las demandas sanitarias con unos recursos humanos que, tras años de recortes, se habían visto mermados. Gracias al esfuerzo de ese gran colectivo de profesionales sanitarios, a los que estaremos eternamente agradecidos por ser nuestros héroes anónimos, pudimos salir adelante.

A nivel organizacional, las crisis se analizan como oportunidades de mejora y, por tanto, tras pasar por un periodo de evaluación y desarrollar estrategias de mejora, deberíamos estar preparados para afrontar una situación semejante en el futuro. Así, una mayor información junto con la evaluación de la situación, de los recursos económicos y profesionales y de los errores en las tomas de decisiones, han posibilitado que se pudiera afrontar la segunda, tercera, cuarta ola… con mayor eficacia. Todo ello con un elevado coste personal. Numerosas investigaciones demuestran que responder a demandas exigentes del trabajo en situaciones de alta incertidumbre sostenidas a lo largo del tiempo con pocos recursos materiales y profesionales, desencadenan un riesgo laboral para la salud que se traduce en estrés, ansiedad, depresión, malestar psicológico… Y el esfuerzo incansable y continuado del colectivo de profesionales sanitarios ha puesto en riesgo su salud física y mental. Tanto la OMS como la OIT llevan tiempo alertando de la necesidad de atender la salud ocupacional y evaluar el riesgo psicosocial de los trabajadores ante la pandemia. No en vano, recientemente el Ministerio de Trabajo ha sacado una normativa para obligar a las organizaciones a evaluar los riesgos psicosociales como el estrés o la ansiedad.

¿Cuida la universidad los riesgos que suponen para la salud mental el afrontar los cambios y exigencias en el trabajo provocados por el covid-19? ¿Incide sobre el estrés la incertidumbre de contagiar o ser contagiado en el aula?

Al igual que el resto de la población, la comunidad universitaria se vio obligada a confinarse en sus casas a partir del 14 de marzo de 2020. Así pasamos de un día para otro a desarrollar nuestra actividad académica en un formato online para el que no estábamos preparados.

Durante los meses de junio y julio de 2020, toda la comunidad universitaria recibió insistentemente una encuesta para evaluar cómo se habían afrontado los primeros meses de la pandemia provocada por el Covid-19: “Impacto académico de la COVID-19 en la Universidad de Salamanca, 2019/2020”. A juzgar por las preguntas, parece que se pretendía evaluar tanto el equipamiento del que disponía la comunidad universitaria, como la metodología seguida, problemas de acceso a la red, disponibilidad de ordenadores, problemas para llevar las clases on-line, problemas de conciliación de vida laboral y personal, estrés, ansiedad, miedo. Como hemos mencionado anteriormente, desde el punto de vista organizacional la evaluación es una herramienta de análisis imprescindible que nos permite detectar problemas e incorporar cambios para ser más eficientes. Por tanto, para poder mejorar es necesario realizar una evaluación de algunas decisiones tomadas en ese periodo y, precisamente por ello, me permito hacer un análisis de algunos de los problemas detectados:

  • El primer problema se basa en el tiempo que la universidad necesitó para empezar a evaluar la situación: lo hizo una vez finalizado el cuatrimestre, por lo que la necesidad de implementar los cambios detectados en la evaluación no redundaría en la mejora de la calidad docente que recibían los estudiantes. Se debía haber evaluado la situación antes para poder intervenir y mejorar la satisfacción del alumnado con la calidad docente recibida. Un análisis estadístico permitió constatar que el alumnado evaluó más negativamente la docencia recibida en los grados en el cuatrimestre en que estuvimos confinados, que esa misma docencia impartida en el mismo cuatrimestre de años anteriores.
La salud de la comunidad universitaria ante la crisis COVID

Fuente: Elaboración propia

Conclusión: hicimos lo que pudimos, pero podíamos haber impartido una docencia de mejor calidad si hubiéramos reaccionado antes y se hubieran detectado tanto las necesidades individuales como las de los diferentes colectivos: alumnado, PAS y PDI.

  • El segundo problema se basa en que durante esos meses gran parte de la comunidad universitaria se sintió abandonada, cada persona debía responder a la situación de la mejor manera posible sin percibir ningún apoyo social por parte de la institución para acometer las respectivas tareas. Parecía como si la Universidad se hubiera quedado paralizada ante la crisis que se avecinaba y no se convocó un Consejo de Gobierno extraordinario que hubiera permitido hacer una evaluación de la situación más completa y probablemente actuar más rápidamente. Es más, sorprendentemente se suspendió el Consejo de Gobierno del mes de marzo y hasta finales de abril éste no se volvió a reunir. Hubiera sido factible haberlo realizado en formato no presencial, al igual que se hacían el resto de las actividades académicas. El 25 de marzo el Sr. Rector envió un mensaje a los consejeros explicando el motivo de la suspensión y pidiendo comprensión ante la nueva realidad que estábamos viviendo. Y así fue, no hubo ningún tipo de protesta por parte de los diferentes colectivos, lo cual no quiere decir que no haya que evaluar cómo se actuó.

Conclusión: una toma de decisiones compleja ante situaciones adversas e inciertas requiere de la participación de todos los representantes de los colectivos afectados. A nivel organizacional sabemos que, ante este tipo de situaciones, si sólo te asesoras del grupo de personas afines tienes altas probabilidades de provocar tanto un pensamiento grupal como un error de falso consenso, según el cual quien nos gobierna puede pensar que toda la comunidad universitaria comparte su pensamiento.

  • El tercer problema se centra en la falta de implementación de cambios y acciones planificadas ante los datos aportados por la encuesta. Sí, es cierto que se ha invertido en cursos de formación para la adquisición de competencias para la docencia y la evaluación online; pero la encuesta aportaba más información, un diagnóstico importante que no se supo ver relativo a la salud: el alto porcentaje de personas de la comunidad universitaria que manifestaban estar experimentando problemas de salud mental.

Conclusión: la USAL necesita evaluar los riesgos psicosociales y el estrés sufrido en el trabajo para proteger y promocionar la salud mental de toda la comunidad universitaria.

La salud de la comunidad universitaria ante la crisis COVID

Fuente: Elaboración propia. Datos obtenidos de https://www.usal.es/informe-encuesta-impacto-academico-covid-19

Los datos hablan por si solos. Casi el 50% de la comunidad universitaria experimentó niveles elevados de estrés y ansiedad. Esos datos tomados aisladamente son un indicador alarmante del riesgo en salud mental de los miembros de la comunidad universitaria y nos obligan a ahondar en ellos, buscar relaciones, inferir causas y actuar:

  • ¿tiene la USAL una explicación a esos niveles de estrés?
  • ¿conoce las causas del estrés de los miembros de su comunidad?
  • ¿sabe qué personas se sienten más vulnerables?
  • ¿qué provoca tanta angustia y estrés entre los estudiantes?
  • ¿se ha hecho un seguimiento?
  • ¿se ha tomado alguna medida?…

… demasiadas preguntas sin respuesta

Conclusión: La USAL tiene la obligación de evaluar los riesgos laborales asociados al estrés, la ansiedad y las condiciones de trabajo que inciden negativamente sobre la salud mental que experimentan los miembros de la comunidad universitaria.

Además, la USAL tiene la obligación de planificar medidas para proteger y promocionar nuestra salud mental.

La USAL forma parte de la Red Española de Universidades Promotoras de Salud (REUPS) y los elevados niveles de estrés que reflejaron las encuestas son un indicador de que algo está fallando: “Una Universidad Saludable ha de ser un entorno que proteja y favorezca la salud, promoviendo conocimientos y habilidades orientados a que los estudiantes y trabajadores adquieran estilos de vida saludables, proporcionando las infraestructuras y espacios necesarios, y favoreciendo la socialización y las actividades de ocio saludables”.

María Carmen Tabernero Urbieta

Catedrática de la Universidad de Salamanca

Dpto. de Psicología Social y Antropología


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