Internacionalización… ¿para qué?

Internacionalización...¿para qué?

La internacionalización de las instituciones de educación superior es un proceso en el que están involucradas todas ellas y en el que es preciso trabajar con perseverancia. Las universidades punteras en este ámbito, entre ellas las mejores del mundo sea cual sea el ranquin que se utilice, son las que muestran constancia en el esfuerzo y logran mantener una continuidad institucional al respecto. Es un proceso que no puede darse nunca por cumplido, algo especialmente claro en el mundo globalizado del S. XXI, y en mayor grado, si cabe, si contemplamos el nuevo panorama abierto frente a nosotros tras la crisis sanitaria, social y económica surgida de modo brusco a comienzos del 2020 y que nos mantiene a fecha de hoy ante un horizonte incierto.

El interés por la internacionalización de las universidades tiene que ver, sin duda, con los efectos que puede lograr no solo sobre el éxito de la práctica cotidiana de la actividad de la institución, sino también sobre la visibilidad de la misma más allá de nuestro contexto cercano, siempre que las medidas al respecto estén bien planificadas y puestas en práctica.

Consigue efectos positivos sobre la práctica docente, sobre la calidad de la investigación o la transferencia, o sobre cualquier aspecto de la gestión cotidiana o sobre los modelos y prácticas de gobernanza de la institución. De igual modo, gracias precisamente a esa visibilidad, la internacionalización conlleva consecuencias evidentes en la posición de la institución en los ránquines internacionales, lo que, en cascada, en círculo virtuoso, mejora las posibilidades de consecución de fondos competitivos en todos los ámbitos en los que trabajan nuestros grupos de investigación.

Así, la internacionalización no es un fin en sí mismo, sino que ha de concebirse como un proceso deliberado y bien planificado de integración de una dimensión internacional, intercultural o global en las instituciones de educación superior, en la idea de mejorar la calidad de la docencia, de la investigación y de la gestión en beneficio de los estudiantes y de todo el personal, así como de llegar a tener un impacto más significativo en la sociedad que nos rodea y nos sustenta. La internacionalización no es un objetivo final, pues, sino un medio para mejorar la calidad de la institución.

El concepto de internacionalización cubre muchas dimensiones, componentes, aproximaciones o actividades diferentes (movilidad de estudiantes, intercambio académico y de investigación, búsqueda de talento a nivel global, desarrollo curricular y de resultados del aprendizaje, franquicias institucionales, cooperación internacional para el desarrollo, etc.) y obtiene resultados positivos a nivel institucional (posicionamiento en los ránquines, mejoras en la investigación, docencia, gestión o gobernanza) o social (empleabilidad local e internacional, mejor conocimiento del mundo que nos rodea, conciencia intercultural).

El proceso de internacionalización se completa con la denominada “internacionalización en casa”, orientada tanto a los estudiantes como al personal y a la propia institución, un proceso deliberado y bien planificado de integración de la experiencia internacional en nuestro entorno local, de modo que toda la comunidad universitaria pueda beneficiarse directamente de una visión internacional del proceso docente, discente, investigador, de gestión y de gobernanza.

Más allá de la mejora de las condiciones de trabajo de los profesionales que se dedican en la institución a mejorar nuestra dimensión internacional (Servicio de Relaciones Internacionales en particular), por medio de contrataciones o reestructuraciones específicas en la medida en que lo permitan los recursos, lo que redundará inmediatamente en nuestro posicionamiento en este aspecto, un modo claro de potenciar a corto y medio plazo nuestro grado de internacionalización es la participación activa en la redes internacionales de las que nuestra institución ya es actualmente miembro y tratar de integrarse en alguna más (LERU, por ejemplo: Leading European Research Universities, aunque en este caso el objetivo es difícil, precisamente por nuestra actual posición en los ránquines internacionales). La pertenencia a estas redes es una respuesta eficaz a los grandes retos de la globalización. Las redes internacionales nos permiten asociarnos en el esfuerzo a universidades semejantes a la nuestra y las sinergias resultantes deben ayudar al grupo, como se ha demostrado en el pasado, siempre que la presencia en las redes sea activa y perseverante. Una universidad obtendrá importantes beneficios de su presencia en redes en la medida en que se implique en ellas. Las redes multiplican nuestra visibilidad y nuestro prestigio. Por mucho que lo diga el adagio castellano que reza que “el buen paño en el arca se vende”, en el mundo tan competitivo en el que vivimos, la visibilidad internacional es un valor y una herramienta a los que no se puede renunciar en la planificación estratégica de la internacionalización.

Las redes de universidades son además un contexto ideal para potenciar nuestra presencia en programas internacionales de proyectos de investigación o de cooperación internacional (Horizonte Europa 2021-2027, Erasmus+, etc.), proyectos que permiten, si el esfuerzo institucional es adecuado y serio (desarrollando de modo decidido las oficinas locales correspondientes: OPI, AGI, etc.), lograr financiación y garantizar visibilidad a actividades de investigación puntera de nuestros grupos de investigación, así como de cooperación internacional, transferencia, etc., con una captación de fondos externos en cantidades muy significativas, siempre que la apuesta venga acompañada de los esfuerzos institucionales y personales necesarios.

La internacionalización de nuestra universidad tiene tradicionalmente un enfoque en el que las relaciones con Latinoamérica y con Europa han sido las más notorias. La relación con ambas áreas ha de seguir siendo estructural y estratégicamente sólidas y ha de profundizarse. Pero hay otras regiones del mundo global (Japón, Corea, China, Norteamérica, mundo árabe) con las que nuestra Universidad, desde hace décadas en algún caso, tiene un creciente grado de implicación, en diferentes grados y por diferentes motivos, y hay regiones del mundo con las que nuestro contacto ha sido históricamente menor (África subsahariana, Asia central y meridional, Australia o Nueva Zelanda), y que, en una concepción global del S. XXI, no pueden ser completamente desatendidas por parte de una institución que aspira a una internacionalización acorde al nivel global de prestigio que queremos para ella. Cada región del mundo será interesante por unos motivos por encima de otros, dentro del grupo de objetivos de nuestros planes de internacionalización: puede primar la colaboración en investigación puntera con países del llamado primer mundo, la captación de recursos para investigación especialmente en nuestro entorno europeo, la exploración de posibilidades académicas con nuestros socios latinoamericanos o con países con los que hasta ahora hemos tenido menos relaciones, la captación de talento global o actividades de cooperación internacional para el desarrollo con países de cualquier rincón del globo, en sintonía con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030.

Juan Luis García Alonso

Profesor Titular de Filología Griega

Agradecemos que difundas