Cualquier ayuda, por pequeña que sea…

Cualquier ayuda, por pequeña que sea...
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Todos sabemos lo complicado que resulta «estirar» nuestro tiempo cuando más lo necesitamos, pues las veinticuatro horas del día son finitas y esta realidad nos golpea a diario, sobre todo cuando tenemos un “deadline” para entregar un proyecto docente o de investigación, para enviar un resumen para un congreso, para una publicación, etc., lo cual, muchas veces implica aparcar determinadas tareas “menos importantes”, darnos una paliza del 10 o, en la mayoría de los casos, recurrir a las dos cosas. Por tanto, cualquier ayuda, por pequeña que sea, que redunde en que nuestro tiempo laboral cunda más y lo podamos emplear en cosas realmente productivas y fructíferas, siempre es recibida con los brazos abiertos, pues para nadie es un secreto que la burocracia a veces nos aplasta, y que trámites y procedimientos que podrían ser muy simples y sencillos frecuentemente se vuelven más complejos que la conquista de Marte.

Una acción que creo no resultó especialmente complicada ni tampoco elevadamente costosa de implementar para la USAL, como fue ese reducido grupo de especialistas que se ubicó en una pequeña oficina en el sótano de nuestro rectorado, dedicado a dar apoyo al personal en proceso de solicitar sus sexenios, considero que fue una idea muy sensata. Sin hacer ninguna encuesta y a falta de datos científicos, teniendo en cuenta solo la infalible vox populi, este humilde servidor pudo constatar lo útil y efectiva que resultaba la labor de dicho grupo. En las dos ocasiones que estuve allí, muy a pesar de la cita previa exigida, el incesante entrar y salir de personas con cartapacios en ristre y el insistente sonido de los teléfonos, eran muestra incuestionable del elevado número de profesores que acudían a ese oasis de ayuda. Sin temor a equivocarme, puedo asegurar que se podían contar por decenas. Sin embargo, para mi sorpresa, en la próxima convocatoria cuando le recomendé esa posibilidad a un colega me contestó: “estuve averiguando y eso ya no existe, se lo cargaron”.

No tengo datos oficiales sobre el número de usuarios, ni tampoco de los costos que representaba para la USAL ese servicio, pero como usuario y como testigo de lo que supuso aquella iniciativa, considero que fue un error eliminarla y creo que implementarla nuevamente redundaría de forma muy positiva para quienes cada seis años debemos pasar por ese tortuoso trámite. Por otro lado, las tareas que realizaba ese grupo y su ayuda sin dudas aumentaban las posibilidades de éxito en la consecución de los sexenios para nuestro PDI, lo cual se traduce en un mayor nivel científico para nuestro personal y también nos alivia un poco de la fatigosa tarea burocrática que ello implica. Creo que para conseguir una mejorUSAL cualquier ayuda por pequeña que sea, como esta que aquí refiero, debe tenerse en cuenta para hacernos la vida más llevadera y, sobre todo, para que nuestro tiempo sea más rentable y productivo.

Orlando J. Castellano Benítez

Departamento de Biología Celular y Patología

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