Balance abreviado

Balance abreviado

Comienza el principio del fin de curso y, con él, el tiempo de examinar, evaluar, supervisar trabajos y de atender los compromisos aún pendientes a la espera de “poder descansar en verano”, algo que muchas veces sucede en menor medida que la que sería deseable y conveniente.

Este ritmo acelerado que habitualmente asumimos en esta época del año de forma natural y espontánea parece ahora ralentizado, como si el tiempo pasara más despacio. Será que el cansancio, y no solo el físico, hace mella.

Haciendo un apresurado repaso, no podrá discutirse que el Curso 2020-2021 ha sido un curso atípico que comenzó lastrado por la incertidumbre y por las  consecuencias emocionales que ha dejado en todos nosotros, en mayor o menor grado, la emergencia sanitaria. A pesar de ello consta en nuestro activo la determinación de afrontarlo con el ánimo de ser referencia y ejemplo de cumplimiento y responsabilidad ante nuestros alumnos. Hemos hecho un esfuerzo en la puesta al día o, directamente, en aprender a utilizar en tiempo record recursos alternativos para solventar la forzada distancia de los estudiantes (en algunos casos, en mucha mayor medida de la prevista y reconocida). Hemos sido capaces de sostener el nivel científico de la Universidad tras constatar que la virtualización permite defender tesis, celebrar congresos, reuniones  y, en general, llevar a cabo cualquier actividad académica que no hace mucho se concebía como esencialmente presencial. Hemos asumido, tras seis meses de desorientación y un cierto sálvese quien pueda, que la reversión de la situación no solo dependía de nuestra responsabilidad como ciudadanos, que nos llamó a recogernos en lo físico (salir lo imprescindible, no acercarse, no reunirse, no celebrar) sino de simultanear esa actitud necesariamente defensiva con otra basada en no interrumpir nuestra actividad, sino adaptarla a las circunstancias.  

Todo esto lo hemos hecho sin medallas, ni vacunación como colectivo diferenciado. No se trata de reclamar reconocimiento allí donde otros han asumido responsabilidades infinitamente mayores y una valiente y encomiable exposición al riesgo que no se paga con aplausos (en realidad, es impagable). Se trata simplemente de reconocer el esfuerzo realizado y el trabajo hecho, y bien hecho, en circunstancias no óptimas. 

El profesorado ha sido capaz de sacar adelante todas las tareas y lo seguirá haciendo a partir de septiembre cuando comience el nuevo curso. Llega curtido en la tarea de afrontar incertidumbres y adaptarse a circunstancias cambiantes. No hay comparación posible entre la inquietud de un año atrás y la relativa tranquilidad -siempre dentro de la prudencia que aconseja no perder la cara a nuestro común enemigo- con la que se afronta el comienzo del Curso 2021-2022. Para que el sosiego fuera completo sería deseable que se resolviesen cuanto antes y, desde luego antes del mes de septiembre, las plazas de Ayudante Doctor que están todavía pendientes de adjudicación correspondientes a la convocatoria aprobada por acuerdo del Consejo de Gobierno de 30 de junio 2020. Prácticamente un año de tramitación, con pandemia o sin ella, resulta sin duda excesivo. Menos mal que nos hemos habituado a la incertidumbre y hemos cultivado la virtud de la paciencia. En todo caso, los concursos serán muy bienvenidos.  

Pilar Martín Aresti

Catedrática de Derecho mercantil

 

 

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